Previo a este posteo, tenía otro preparado, sobre la entretenida, práctica y didáctica experiencia de tomarse un terremoto. Pero la voy a postergar, porque quiero hablar de otra cosa en este minuto.
A propósito de un fragmento en Tokio Blues, de Haruki Murakami, Nagasawa, -amigo universitario del protagonista de la novela, llamado Watanabe- le dice a este último: “No es que no crea en la literatura contemporánea, pero no quiero perder un tiempo precioso leyendo libros que no hayan sido bautizados por el paso del tiempo. ¿Sabes?, la vida es corta”. Y lo tomo a precaución, pero a condición también. Porque es exactamente lo mismo que pasa hoy con la música. Pero el tema necesita profundidad de campo, y quiero darme el tiempo.
Primero que nada, la actualidad. Hoy en día los artistas ya no venden por discos, lo que vendieron antaño. El CD es hoy una pieza de museo. Por otro lado, ha sido el vinilo el que se ha estado levantando de la tumba; y pieza clave ha sido el incondicional momento vintage, que lo tiene posicionado como el “ungido atemporal”. Pero al fin y al cabo ha servido más que nada para los clásicos. Todo esto hizo que el modelo de negocio cambiara drásticamente y con un cuchillo en su espalda; por lo que hoy, el artista obtiene reales regalías con los conciertos que de. Ahí esta la madre del cordero entonces, ¿o no?
Eso abre mi segundo punto. La democracia post servicios P2P hizo que nos saltáramos una brecha considerable, plantándonos en ese puto universo musical que es myspace. Gracias al sistemita, si usté cree que tiene talento, tiene todas las posibilidades del mundo de subir su musiquita. Y lo mas monono, quizás se arme un par de fanáticos en Tailandia. ¿Qué le parece? La real globalización es la que va a permitir que contenidos del tercer mundo se hagan importantes en el primero. De eso se trata. Pruebe su suerte y eche a correr la bolita. Pero mientras tanto, todos los días aparece una nueva banda, que es degenerada por la media -inglesa, primordialmente- que la ve como la nueva “ponga aquí la banda clásica que se le parezca por influencia, aunque sea escandalosamente primitiva”.
No quiero referirme a un tema pegote, de lo manoseado, como lo es la famosa revista NME y sus megalomanías sonoras que plantaron hace tres veranos a Arctic Monkeys entre las cinco mejores bandas que ha regalado Inglaterra al mundo, EN SU HISTORIA. Por favor huevón, cuando puta madre se había visto algo así.
Lo peor de todo, es que solo hace falta a un huevón con mucho tiempo libre, y con ganas de “escuchar algo nuevo”, para meterse a un safari de lo más denigrante que puede haber. La gracia de la industria antigua, era generar un filtro para que los más débiles se quedaran atrás, esa es la gracia de Darwin. Sin embargo, cada día, entre Estados Unidos e Inglaterra paren tantas bandas como violadores y asesinos chiflados sacan, con los nombres más coquetos e pretenciosamente inteligentes que pueden pillar. Algunos tienen suerte, otros no. Y ahí es donde pasamos al tercer punto: el indie.
La escena indie, -tal como la vieja mula- ya no es lo que era. Antes, era un centro de operaciones de gente entretenida y con ganas de pasarse al mundo por el orto. Hoy, el indie es el nuevo pop. Y todo el mundo está haciendo indie, que no es nada más que tocar la misma tecla. Hay, evidentemente, una coreografía que hay que seguir: nombre coqueto o inteligente, o ambos. Bailable, mezcla de punk, folk, rap, cueca o la putada que se le venga al crítico de la revista especializada y lo más importante, TODOS TIENEN QUE SONAR Y VESTIRSE IGUAL. Como formula pre fabricada entonces, armamos al indie de catálogo, salido diréctamente de Kosiuko. Desde Ok Go, hasta Hot Chip, todos siguen la misma formula. Tal como el 10 desapareció del futbol, para transformarse en el 6; aquí la boy band desapareció para transformarse en esta porquería "estilosa".
Démosle entonces, con la estética de dibujitos entretenidos, hechos por tu hermano chico, a la polerita del rayo, los jeans de colores, la chaquetita de tela sin mangas que va sobre la camisa o sobre la polera, el sombrero misterioso y las gafas de plástico de ocasión. Agréguele un tatuaje colorido de media manga en uno de sus brazos y usted ya se hizo un héroe.
Puto año para darme cuenta de la mala ocurrencia de hacerme un tatuaje.
¿Le gusta como nombre “Clap Your Hands Say Yeah”? O quizás estará más conforme con “Someone Still Loves You Boris Yeltsin”. ¡Qué huevá mas loca! ¡¿Viste lo que hizo?! ¡Ocupó el nombre de un premier ruso muerto para su banda! Místico. Es el mismo tipo de gente que creyó que Vampire Weekend eran los nuevos Strokes pasados por Grace Jones. Y así, se va a pillar con millares si no más, de bandas que suenan a la influencia, de la influencia, de la influencia. Ponga Mando Diao a sonar, que se parece mucho a The National, que quieren sonar como Phoenix, que son amigos de The Subways, que tienen en común gente que conoce a The Last Shadow Puppets, que son amigos de The Black Kids y que por la conchasumadre ¡suenan todos igual!
¡Métale teclado! Una banda no es nada sin un sintetizador, un efecto electrónico chiloquero o un teclado antiguo. Métale no más. Sature la huevá de parlantes que tiene. Si quiere bailar, no se ponga pesadito.
Qué importa. Aprovéchese de la tendencia actual de hacer famosa a su banda en un comercial de Pepsi, o en uno de perfume. El que sea. Aunque sea la colonia Barzelatto. Aunque sea Pachulí. Y ahí va a pillarse con todas esas bandas de última línea, que hacen lo que pueden por exprimirle la ubre a la vaca. Quede lo que quede. The Spinto Band, y su mega hit mundial y aclamado por la crítica “no sé como se llama y me chupa un huevo saberlo”. Lo busqué en youtube y aún no sé cuál es. Y así la rueda sigue andando. The Cloud Room. Hey now, now, tralara ralá. Ya, ¿y qué más? ¿Se fija que aquí Darwin se quedó dormido? Despiértate hombre, por la cresta.
Así, todo el espectro de blogs musicales que usted pille, van a hablar de lo mismo. Métase a zona.cl, y se va a pillar a “los nuevos de lo nuevo, nuevos para el 2009.” Escúchelos, no sea gil. Este se parece a este, y este, a este otro. Suenan todos igual, pero a quién carajo le importa. “Carretea como si fuera el ‘94”, leí por ahí en uno de los comentarios. La raja. Okey cabros, se acabó el amor por los setentas. Cierren la cortina y todos para la casa. Ahora el 94 está de moda. ¡El ‘94, huevón! ¡¿Por qué el ‘94!? Y así son todos. Indie.cl, Super45.cl, NNM.cl. Me da fatiga seguir. Por lo menos, me deja tranquilo el hecho de que el tiempo se encarga de hacer su tarea de limpieza solito. La cita que tomé de Tokio Blues se hace evidente ahora, ¿no cree?
Aproveche y escúchelos ahora. Mañana ya no van a estar.
lunes, 16 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario